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Pájaro de Julio es la sensación en su barrio

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EL COLORIDO PAVO real fabricado por el artista y cerrajero Julio Jaramillo, genera admiración entre los habitantes del barrio Cristóbal, quienes cada vez que pueden aprovechan para tocar la obra, apreciar sus formas y tomarse fotos con ella.
En el Barrio Cristóbal "todas están fascinadas con el pájaro de Julio", comenta entre risas doña María Gilma Vásquez mientras observa, desde el fondo del mostrador de su tienda, la escultura "El pavo real", la última obra de este artista de barrio que, sin muchas ínfulas, logra descrestar con cada trabajo que realiza.

"El pavo real" está ubicado en toda la esquina de la calle 39A con la carrera 88, a la vista de todos los transeúntes y ocupantes de vehículos. También al tacto, pues por su tamaño y su estructura, atrae como imán y hace que todo el que cruce por el lugar quiera tocarlo, sobarlo, acariciar su textura y, muchos, hasta tomarse una foto.

Es la novedad en el barrio, un sector del occidente de Medellín, en donde Julio Jaramillo, el artista, es admirado y reconocido por los habitantes.

"Los 47 años que tengo los he vivido por acá y por eso puedo dejar la obra tranquilamente en la esquina, porque sé que no me la van a ultrajar", apunta Julio, que mezcla sus dotes de escultor con las de cerrajero, aunque quisiera dedicarse de lleno a las labores artísticas, pues en ellas puede derrochar toda su creatividad mientras que como cerrajero "es hacer puertas y puertas y todas son casi iguales".

Mientras piensa en ese sueño de tener una solvencia económica que le permita vivir de la escultura, explica que el pavo lo enclavó con tornillos al pavimento para impedir que el viento lo balancee y evitar que se lo lleven o lo muevan.

Lo que sí no puede evitar es que lo toquen, algo que además le gusta, porque la gracia del arte -dice- está en que la gente lo sienta en su esencia con todos los sentidos.

Detalles de su trabajo
Su obra, toda hecha en hierro y algo de macilla, pesa 300 kilos y está compuesta de cientos de varillas y láminas que le van quedando de sus trabajos como cerrajero. Así, lo que para muchos es simple desperdicio que va a fundición o a la basura, a él le sirve para construir sus esculturas, la mayoría de gran tamaño y por lo general aves exóticas.

A su haber tiene, entre otras, la cabeza de un pájaro en un parque de Bello y un águila en el barrio Santa Lucía, esta última considerada por él como una de sus mejores producciones y la que más ha respetado la comunidad.

Julio señala que aprendió a hacer estas esculturas gracias a que fue ayudante del maestro Juan Carlos Álvarez, pintor y escultor y quien un día lo invitó a que le hiciera un brazo para una de sus obras. "Eso me gustó mucho y me dije: si puedo hacer un brazo, puedo hacer cualquier otra cosa... y así empecé a fabricar mis propias esculturas, aves que es lo que más me gusta", cuenta Julio, que es defensor y amante del medio ambiente y por eso enfoca su mirada en las aves, como las reinas del espacio.

De eso hace siete años y hoy Julio no duda de que gracias a ese maestro del arte, él encontró un camino para sentirse más importante. Porque aunque admite que si como cerrajero cumple una labor importante, su pasión del alma es la escultura.

Mientras hace estos comentarios parado junto al "pavo real", un viejo conocido que pasa con su madre se le arrima y le expresa su admiración. "Ahí sí se sobró Julio, ¡qué verraquera… le quedó ese pavo, ¿en cuánto lo vende?", le pregunta.

Julio, con sencillez, le responde que gracias y le dice que el pavo "lo estoy dando en cinco millones, está ideal para un parque o una finca".

Al final no hay negocio porque su viejo amigo no tiene dónde poner el pavo, que mide unos tres metros de alto y es bastante voluminoso. Pero sí expresa sus deseos de tenerlo para él:

"¡Uf…, me gustaría, y por ser de él vale esa plata, pero que tuviera fama o fuera de un artista consagrado valdría mucho más", anota este buen amigo de nombre Humberto Marín.

Julio quiere venderlo porque la obra es fruto de muchas horas de trabajo -más de 4 meses tardó en terminarlo-, le invirtió materia prima, pintura y puso su mente toda al servicio de esta exótica escultura, de la que Alejandra Uribe, una jovencita del barrio, afirma que es "maravillosa, puro arte", y doña Gilma reconoce como la mejor que ha elaborado su vecino.

"No le digo que el 31 de octubre -día de los disfraces- todo mundo se tomó fotos con él. El pájaro de Julio es la sensación de este barrio, todas lo quieren tocar, ja, ja, ja, ja, ja", apunta y sigue sonriendo.

Julio se queda callado y sonríe. Su sencillez no le da para decir nada más al apunte con visos de chiste de doña Gilma. Pero se ve dichoso. No es para menos. Su pavo es toda una novedad y con su colorido y tamaño es inevitable mirarlo... y ¡claro…, admirarlo.

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